domingo, 24 de agosto de 2014

Mi único anhelo


En esos días, que a falta de resignación, nace la impaciencia, -la cual sustituye la agonía, se reduce la energía, o se transforma, para dar paso a la nostalgia. Al falso anhelo. 
Y es que, después de todo, no puedo obviar mi condición de errática humana. Esbozaré quizá mi estrepitoso, y no por ello malintencionado, pedido a 'nosequién' en 'nosedónde'. Un espacio tranquilo y atento, me entrelaza y me transporta a una pesadilla. Aunque más que pesadilla, es un sueño feroz y rígido, pero como todo lo rígido, es lo más volátil que se pueda apreciar.
No se puede vivir sin una voluntad. De hecho, vivir sin voluntad es simplemente existir. Ya no hablemos de 'Convivir', acto el cual no puedes llevar a cabo sin antes tener esa perpetua ansia de VIVIR. 
En realidad, en esos momentos de maligna soledad - tomando las dos como adjetivos explicativos-, quisiera que me enterraran en algún lugar donde mis pensamientos no me alcanzasen. Parecerá absurdo, pero sucede que éstos son tan infinitos, que sé que en la tumba me rodearán y no me dejarán descansar. 
En ese 'lugar', la cabeza no me llamará a gritos sordos. El silencio será opaco y callado. El aire no respirará y mi piel, como materia inservible, se desvanecerá y mi eterna esencia, desaparecerá. Yo, - mi trozo de carne-, se pudrirá en la muchedumbre soledad. Nadie me recordará, ya que mi recuerdo es y será gris como mi existencia en la Tierra. 
Me señalarán ahí, todos, nadie, y no estaré sin estar bajo tierra.

Deseo que la araña obscura de mi cuarto teja esa guarida, mi guarida. Para yacer eternamente y despertar, si un caso, en el crepúsculo de mis sueños. 

Donde Nadie es nadie, y Yo no soy.


Danna Merchán





lunes, 11 de agosto de 2014

GRITOS DE ULTRATUMBA



Hacía tiempo que no me sucedía algo así. Y aunque el tiempo, hijo bastardo del incomensurable  Cosmos, no me ayuda, aquí estoy. Sangrando por los costados. Sembrando armonía y Caos, a pesar de este depresivo clima. 
Miro hacia adentro, y no veo más que polvo, suciedad que nunca debió quedar. Un día me prometí jamás prostituir mi alma como la mayoría de personas que escriben. ¿Y qué? Así me hallo. No soy buena haciendo confesiones. Es más, soy una cínica,- he aquí mi brillante 'confesión'-. Nunca he podido decir nada sobre mí sin que quedara encerrado en sintagmas incoherentes. ' Es que no se entiende lo que escribes' ¡Claro, amigo! No me interesa que se entienda. Hoy es un día en el que no necesito que no me entiendan. No puedo disfrazar más los gritos de Ultratumba. Porque son ellos, al fin y al cabo, los que se disfrazan de mí.
El ángel que habitaba en esa mirada se esfumó. No sé en qué momento le destriparon las entrañas y le arrancaron las pocas fuerzas que resguardaban sus puñales de oro. Ya no. Ahora es el que ronda en busca de algo mundano, de algo cercano. Sabe que no encontrará nada que le pueda sospesar, algo que le pueda aliviar esa herida mortal en el pecho. Se abre de vez en cuando y le arde. Vestigio infernal que le susurra cuánto tiempo mitigará su rostro volátil en la tierra. Ángel de nadie.




Danna Merchán

miércoles, 23 de julio de 2014

Eternidad e Infinitud

De Cóncavo a Convexo



Estando en el espacio determinante de mi vida, caí al abismo. Despreciando las migajas del olvido, abordé el silencio y rescaté las horas perdidas. Las noches me abruman y me arden fríamente. El cielo infernal me cuenta el instante muerto de un hachazo y me revuelve las entrañas con su alma de cordero. He cambiado una eternidad por un segundo de tu voz. He sentido lo que es la infinitud del viento en tu piel. Y ya no sueño, dulce agonía, como soñaría la palabra muda en el aire, sino que he aprendido a recordar al olvido. Tocándolo, acariciándolo como se rozan las notas musicales, como se acumulan los átomos en el espacio, desordenando el Caos.

Me enveneno con silencios, y paradójicamente, me reviven las palabras que jamás nacieron. Y ahí me hallo:  en un cuarto obscuro, resultante, pero anclado a mi alma como el reloj que para el tiempo en mis sueños. Las agujas empiezan a tambalear y aparecen seres inanimados e intento salir. Las cuerdas flojas que pisan mis manos se rompen, y caigo de nuevo en el bucle temporal y desfallezco. Despierto. Me encuentro de nuevo con un espejo cóncavo que me revive y me tienta. Le toco. Parece una línea fría, como un pincel punzante y me estremezco - esa no soy yo- . Me levanto. Me atrapa un murmuro por detrás y desvanece la línea y da paso al semicírculo. Me giro. La silueta ahora en un espejo convexo me palpa- soy real-. Se descuartiza la imagen y retrocedo en el tiempo.
La vida, los sueños, los seres, no somos más que imágenes que trascienden de Cóncavas a Convexas. Delirantes de emoción.

Danna Merchán



martes, 13 de mayo de 2014

Carta al Dolor


'Cuántas veces yo pensé volver, y decir que de mi amor nada cambió... pero mi silencio fue mayor, y en la distancia muero, día a día, sin saberlo tú...'

No sabía cómo empezar. Ni mucho menos cómo acabar. Pero las palabras sangran, y no puedo sanar sin llegar a dejar el orgullo de lado. 
Por otra parte, puede parecer una carta convencional, pero será algo que destruya no el fuego, ni mis manos, ni siquiera el olvido. Será algo que demolerá tu silencio. 
El tuyo, porque el mío te busca, acaricia tu fantasma, besa las entrañas de tu recuerdo. En el epicentro de tu esencia, doy toques con mis dedos para que aparezcas, pero sólo palpo tu voz: Entrecortada, ronca, apacible; dulce, embriagadora, magistral, con sabor al mejor fruto mezclado con miel. Su tacto es como el de los pétalos de amapola, cashmire, delicada, de seda. Y su color.... recordar su tonalidad me produce un pequeño escalofrío que me enciende las venas y me degüellan las ansias. Su pigmento es celestial, simple y llanamente. 
Siento dedicar palabras a alguien que no las va a leer, pero me desvanezco. Entiéndelo, ya no siento tu ausencia; lo que me duele es tu no-presencia en mis noches de insomnio voluntario, cuando arrullabas la voluntad de Morfeo y me vencías, y yo recaía en el placer de tus sedientas ganas. 
Tu no presencia. Te olvidaré, no miento. Sería cínica si dijese y afirmase que vivirás por siempre en mí, pero no es así. Te recuerdo ahora, en este momento, porque me hace falta tu voz y tu ser, pero mañana quizá te olvide. Hoy moriré, como muere la rosa al ser arrancada,para vivir decorando una habitación vacía. Yaceré en el cuarto del olvido, decorando mis días sin tu memoria. 
En este segundo me aflijo, te añoro. Duele las punzantes espinas clavadas, que las desgarro una a una y las dejo en mi cama. De noche, en la almohada, se cuelan en mis sueños y me rajan el corazón. 
Te olvidaré mañana, es cierto. Pero te recordaré siempre.
Absolutamente, nunca.


Danna Merchán







lunes, 5 de mayo de 2014

El Adiós a un muerto




I


Se me enciende el alma
del corazón, a las nubes del cielo.
El crepúsculo queda cojo 
y se queja en el zaherido viento;
en mi cama, plácido lecho
donde mora la agonía,
aprisiono, como gotas de perlas frías,
tu empozoñado recuerdo.


II


El aire se lleva el cauce 
del río de tu piel,
condenada sombra
de jazmín y de clavel;
La risa de la amapola,
delirante, aplastante,
recorre mis sentidos,
hasta emitir un dulce chasquido.


III


Me amarro a sus pétalos, 
melancolía de carmín,
y enciendo las velas 
que alumbran el camino
llevándome  a tu entierro.
Volarás en el silencio
donde yacen las olas
que mueren en mi cuerpo.
Y socorrer al moribundo tiempo
será mi vil destino.


IV


Me despido,
quizá sin un adiós,
como un ruiseñor 
que vuela hacia su precipicio
para el fatal suicidio;
me desquito
de mis andamios para así
mi veneno, 
venerarlo y resucitarlo.

Danna Merchán


Imagen: Suliman Almawash



lunes, 21 de abril de 2014

EL ECO DEL RELÁMPAGO




De todos los ecos de las voces del silencio, preferí el estruendoso ruido del relámpago.
Caminaba en dirección contraria, aquella tarde. Me sumergía, como de costumbre, en pequeños baños en el alba de los días, pero entendí por un momento, que la convicción era más potente que su anhelo. Y le vi pasar: pasos suaves, como el despliegue de las alas de una humilde golondrina. Despacio, andaba sin saber, que mis impetuosos ojos, sedientos por lo desconocido, le reconocieron. No subí en espuma, corté las alas. El olvido se apoderó de la línea invisible entre su esencia y la mía. Unas pupilas ondeadas por el balance de la gravedad, por la masa de mi cuerpo, por la relatividad del tiempo.
Encendí mis manos, cual encendedor apagado por la brisa de una gota de rocío, y me escapé. Me marché como lo hacen las rocas inmutables al ver pasar un temporal, un huracán hambriento de esencia rota, de indivisibles formas.
Sonrío al recordar mi idiosincrasia. Es relativo el hecho de sentir sin ser, de parecer sin llegar a estar.
Ahora todo está tan quieto. El frío escapa hacia los incisivos huesos que me aprietan el corazón. Líneas sin sentido, quizá un sentido amargo, trazo sin reconocer el camino que han de seguir.  
Ahora… soy incapaz de traducir las letras que me dicta el alma, sin forzar su sentido. Desaparecieron sus pasos, en aquel sueño, y desapareció consigo el sentido de las luces del viento que parpadean, que se manejan en mis infinitos sentidos.
Ahora escribo, probablemente, como un sordo que compone una melodía. Ciega, sin vista, sin ninguna pista de su rastro. Las huellas de sus pasos se quedaron ancladas por siempre en mis letras. Queriéndolo o no, estarán por siempre en mí. Y yo aquí. 

Danna Merchán


viernes, 11 de abril de 2014

TE PARECES TANTO A MÍ


Van Gogh


"Te pareces tanto a mí… o a mi otro yo. Tanto, que confundo los pretextos de tus sienes, con un sinfín de engaños que me desgarran. No sé diferenciar la brecha que separan tus palabras de mis actos parcialmente involuntarios – y nublados- , sin que una celda me ate a un recuerdo mudo.
Siento tu ausencia como vértigo abisal, como un arranque en el pecho. En mis vísceras, poso mis ansias y muerdo el corazón sin arrancar la cobertura de seda de mi cuerpo. En el vientre de mi sien, nace y brota la angustia, viperina avispa que pica mis entrañas, visceral deseo. Eso sucede cuando te apartas, te agotas, te evaporas en un mundo de sutil transparencia, de nubes rojas, de manantial fogoso.

Te asemejas tanto a mi pensamiento abstracto, dulce lúgubre alma del ocaso, que tu fantasma, abismal tormenta, se incrusta, cual manto de amapola jadeante, en la cornisa de mi piel. Y me rajan, y sangro por las esquinas, cuando mis piernas sacuden las llamas dormidas de la aurora. Con el pie izquierdo, o el derecho, me levanto en el cielo de los vivos, resucitando de dolor inerte, cual existencia apaciguada con tu vista, tus eternas pupilas anochecidas de fuego. Porque de todos, no sé cuál es realmente el muerto, si tú o yo."

Danna Merchán